Esta casa fue construida por nuestros antepasados alrededor del año 1964.

Hasta ese momento habían vivido en una masía en una montaña de los alrededores, de manera que les costaba hora y media acercarse al pueblo caminando, por eso decidieron que había llegado el momento de mudarse. Así, piedra tras piedra, fueron construyendo la vivienda. Y ya terminada, se instalaron.

En la parte de abajo, donde anteriormente había existido un lagar para la obtención de vino, dejaron el rebaño y los equinos. Y en el resto de la casa, comenzaron a hacer vida.

Con el paso de los años llegó el agua potable, la electricidad, el gas… y el rebaño fue desapareciendo, como también el caballo cuando su dueño murió.

Finalmente, la propiedad terminó en mis manos, la nieta de aquella generación… y nunca me planteé el hecho de vender y acabar con aquello que me resultaba tan mío, tan lleno de recuerdos… ni mucho menos dejarlo perder.

Imagen abuela Felicitat

Yo quería que la vida continuara allí.

Por eso, busqué la mejor manera de recuperarlo y de darle vida… y qué mejor manera de hacerlo que convertirla en una casa de vacaciones, una vivienda rural que conservara su esencia y de la que todo el mundo pudiera disfrutar.

El nombre que lleva, Ca Felicitat, fue elegido en recuerdo de la que fue su dueña, mi abuela, que así se llamaba: Felicitat (o Felicidad en castellano). Ella y su marido hicieron realidad su sueño, el de vivir en el núcleo urbano.

Yo, su nieta Araceli, quiero llevar a cabo el mío junto con mi generación y por eso empiezo con toda ilusión este proyecto.